ESCRITOR COSTARRICENSE

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CARTA DE RICARDO MARTIN


Ricardo Martin, escritor argentino, me escribió esta carta el 17 de septiembre de 1995, luego de leer por primera vez algunos cuentos que yo había escrito antes de ingresar a su taller de técnicas narrativas. Yo tenía entonces 22 años. Ricardo fue desde entonces, y lo sigue siendo (aunque desde el 2004 que marché a España perdimos contacto; y por la internet supe ahora que murió el 21 de febrero de 2009), una de las más claras influencias en mi vida y en mi obra. Tengo la certeza, también, de que fue una de las mentes más lúcidas y rebeldes del mundo contemporáneo.
Gracias, Ricardo.
Transcribo aquí sólo algunos fragmentos de la carta.


Cuando yo tenía más o menos tu edad, Ernesto Sabato me dijo, después de leer unos relatos míos, que yo era un "escritor de raza". Ese inesperado y seguramente injusto elogio fue determinante para que yo me dedicase a formarme como escritor en serio e hiciera de esa causa una válida razón para vivir. Te cuento esto porque luego de leer tus "CARTAS DESDE EL ABISMO" y "FUEGO ETERNO, CANCIÓN DE CUNA", siento lo mismo que le hizo a Sabato propinarme semejante calificación. Sos un "escritor de raza" y eso emana de tus escritos. Sos, además, extremadamente maduro en lo que a expresión y oficio se refiere. ¿Que se nota la influencia de Kafka? Sí, y es una excelente influencia. Acerca de la originalidad absoluta, Sabato dice que no existe, ni en el arte ni en nada. Todo se construye sobre lo anterior.

(...)

Deberás blindarte para que no te dañen los cerdos y los literatos. Para darte ánimo, releé con frecuencia el QUERIDO Y REMOTO MUCHACHO que le escribió Ernesto Sabato a alguien como yo hace cuarenta años y a uno como vos ahora. Pero volvamos a tus escritos. Ayer te dije que son transparentes y eso te sorprendió, o me pareció que te sorprendía; lo son. Esta madrugada, después de leer esos cuentos tuyos, recordé los comentarios de Sabato acerca de Kafka y corrí a buscarlos en EL ESCRITOR Y SUS FANTASMAS. Transcribo: "LA "OBJETIVIDAD" DE KAFKA. Valdría la pena examinar este fenómeno, en que una especie de fría objetividad expresiva, que por momentos recuerda al informe científico, es sin embargo la revelación de un subjetivismo tan extremo como el de los sueños. Otro contraste eficaz: describe su mundo irracional y tenebroso con un lenguaje coherente y nítido".

Muy bien. Pero primero está la vida y después (ojalá al mismo tiempo) está el arte. Esa visión tuya del monstruoso mundo es de lupa mayor en una sociedad planetaria ciega. Esos malestares existenciales tan palpables en tus escritos, son los mismos que tuve y tengo... y que están lacónicamente registrados por Kafka, aullados por Sabato, ridiculizados por Gombrowicz, dolidos por Pavese.

Yo quise ser feliz y por instantes creí serlo. Me hice un programa de vida en el que cuerpo-inteligencia-espíritu eran batallones de una misma alma, y renuncié por décadas (tres) a la carrera literaria, pero también al mundo. Esa percepción tuya de la existencia y de la condición humana podría empujarte al suicidio si no escribieras. Pero no es suficiente, Andrés, la literatura. En uno de los pocos momentos en que Borges fue auténtico, dijo que se arrepentía de no haber sido feliz. La felicidad es un estado bastante sencillo e infrecuente; la gente confunde felicidad con satisfacción, del mismo modo que confunde ser con tener. Y aunque el mundo sea una porquería (como tu abismo lleno de basura), tenemos sed de felicidad. Hacé algo al respecto. Cuando percibo tanta humanidad en tus textos, me asusto. ¿Qué hará este tipo con tanta riqueza en este callejón de asaltantes, de ladronzuelos, de críticos literarios, de gallinitas Pierre Cardin, de profesores, de editores? Cuidate. Somos herederos de un absurdo que tiene la edad de los siglos. En tu negación y denuncia hay una esperanza solapada, como un sí magnífico en medio de tanta podredumbre. Haceme el favor de enamorarte de alguna chica valiosa y de intentar ser feliz. El mundo no ayuda, pero el libre albedrío nos da la posibilidad de no ser mundo.

Nada más puedo decirte, apreciado Andrés. O puedo decirte unas estupideces acerca de pequeños y aislados defectos que vi en tus textos: errores que son perfectamente superficiales y superables, y están por debajo de la cuestión trascendente. Me llena de orgullo tenerte en este taller. Injustamente, alguien podrá decir, cuando seas reconocido por el público, que yo te he enseñado a escribir. Si para entonces estoy vivo, diré que escribiste esos relatos antes de mis talleres. Si no, aquí está este pequeño y auténtico papelito.

Con mi aprecio y mi respeto,

Ricardo Martin

5 comentarios:

  1. qué más se puede decir... aunque no se haya dicho aún.

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  2. que bonita carta, y seguiste escribiendo?
    Si que pena, Murio Ricardo..es una gran pena...

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    1. Hola, María Luisa... perdona que no te había respondido, hace años aún no sabía del todo cómo usar esto jeje... ¿aún tienes esta dirección?

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  3. Andrés, uuf, qué carta tan linda, ojalá hayas seguido escribiendo... mi papá te admiraba mucho y hasta nos mostró un cuento tuyo (el de la hija), que creo que yo una vez te pedí... un gran abrazo desde Berlin, vero (la mayor)

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    1. Gracias Vero... sí, he seguido escribiendo. Una de las grandes cosas que aprendí de tu padre es que no es la publicación la que hace al escritor, sino el acto mismo de escribir; de hecho estoy trabajando en la publicación de un libro, es una especie de extraño libro ilustrado para niños pero para adultos, por definirlo de alguna manera... pero lo que más disfruto es simplemente estar siempre escribiendo, sin más. Por otra parte, lástima que no nos comunicamos hace un par de meses... mi hermana acaba de estar en Berlín, presentando una pieza de danza basada en un cuento mío. Ella vive en Madrid, yo a veces ando por ahí también. Gracias, abrazo!!

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